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Si nosotros preguntáramos a las personas que no tienen trasfondos tradicionales judíos o cristianos, ¿Por qué debería alguien estudiar el Antiguo Testamento? Probablemente sus respuestas irían en dos direcciones básicas. Las respuestas más positivas podrían ser algo así como, “El Antiguo Testamento es un libro viejo, pero debemos estudiarlo porque hay todavía algunas cosas que son buenas para nosotros hoy en día.” Y las respuestas más negativas serían algo así como: “Realmente, el Antiguo Testamento es tan viejo e irrelevante que no vale la pena leerlo.” Cuando los cristianos fieles escuchamos que otros expresan este tipo de perspectivas sobre el Antiguo Testamento, instintivamente nos encogemos y nos desmoronamos. Como seguidores de Cristo, nosotros creemos que el Antiguo Testamento es la Palabra de Dios; es Escritura sagrada que Dios inspiró. Por lo que fácilmente nos preguntamos: ¿Cómo puede la gente hablar sobre la Biblia de esa manera? Pero aunque esto suene sorprendente al principio, incluso cuándo le preguntamos a cristianos, “¿Por qué debe una persona estudiar el Antiguo Testamento?” Muchos de nosotros nos parecemos a los no-creyentes. En el mejor de los casos decimos, “Debemos estudiar el Antiguo Testamento porque hay algunas cosas en él que todavía son buenas para nosotros hoy.” Y en el peor de los casos, incluso algunos cristianos dirían, “Bien, para ser honesto, el Antiguo Testamento es tan viejo e irrelevante que no vale la pena leerlo.”
Esta lección es la primera de una serie de lecciones que analizarán el Antiguo Testamento entero. Hemos titulado esta serie “Reino, Pactos y Canon del Antiguo Testamento.” Tal como el título de estas series lo sugiere, en estas lecciones nos enfocaremos en tres dimensiones cruciales del Antiguo Testamento. Veremos que el Antiguo Testamento es un libro unificado alrededor del tema central del reino de Dios, que este reino se administró históricamente a través de los pactos que Dios hizo con su pueblo, y que a través del Canon del Antiguo Testamento estos pactos se aplicaron a las necesidades específicas del pueblo de Dios en lugares y tiempos precisos.
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